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LA HUELLA

Apuesta sus fichas por los chicos

Como futbolista dio todo lo que tenía y ahora, como técnico, trabaja para que los más jóvenes puedan, algún día, hacer realidad sus sueños como él, cuando llegó a Bolivia con solo 18 años.

05/02/2018
Luis Galarza se apoya en uno de los arcos que hay en Real Santa Cruz, donde trabajó. Lo acompaña su inseparable tereré. Foto: Roly Callaú Cruz
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En 2019 se cumplirán 50 años de la llegada de Luis Esteban Galarza Mayereger a Bolivia, el arquero paraguayo que vino por un corto tiempo para ponerle el hombro al club The Strongest, tras un grave accidente aéreo ocurrido en Viloco, en 1969, y nunca más se fue. Este hombre, apasionado por el fútbol, apacible y robusto, ahora de 67 años de edad y querendón de esta tierra que lo recibió con los brazos abiertos cuando era apenas un jovencito, le dio su vida al fútbol boliviano. Prácticamente es un boliviano más. 

Tras dedicarle 25 años al fútbol profesional de nuestro país -18 de ellos con la camiseta de su amado The Strongest- Luis Esteban decidió un día ponerle un freno a su carrera. “Me cansé de jugar; un día me levanté y me dije, ¡ya no quiero jugar más! No tenía más ganas, estaba cansado de jugar”, recuerda con algo de nostalgia el día que dijo basta, una mañana de 1995, cuando a sus 44 años atajaba para Blooming.

“Yo no soy de los que dejan el fútbol y empieza a llorar; le di mucho al fútbol y también me dio”, reconoce.

Después de transitar por muchos equipos, entre ellos Bolívar, San José y Wilstermann, resalta que en su etapa de futbolista había jugadores de talla y otros de gran temple. No olvida, y alardea cada vez que habla del pasado, la bravura de Ricardo Fontana y Eligio Martínez, sus compañeros en el famoso Tigre de los 80. “Eran realmente bravos, de esos que ya no hay”, sostiene entre risas.

El fútbol para él ya fue, como arquero. Luego se recibió como director técnico en Argentina y cosechó muchas alegrías dirigiendo a equipos en la Liga. Real Potosí fue el club que respetó un proceso de años, un detalle que los de ahora extrañan, y agradece por ello. También fue técnico de Destroyers, Wilstermann, The Strongest, Blooming y San José, además fue ayudante de campo de Carlos Aragonés en la selección nacional. “A Oriente nunca lo dirigí”, aclara, uno de los grandes en el que le hubiera gustado trabajar.

Como en su etapa de jugador, también llegó el día de decir ya basta como técnico de equipos de primera. Cree que su experiencia como futbolista y entrenador puede ser bien recibida por los más chicos, por aquellos que a gritos piden más atención para poder crecer. “Lamentablemente, los dirigentes de Liga son muy exitistas, perdés dos o tres partidos seguidos y estás fuera. En equipos profesionales hay que tener la maleta lista para irte en cualquier momento, no respetan los procesos”, asegura.

Cansado de tanto trajín y de ‘pelear’ con dirigentes que en muchos casos no ofrecen garantías de trabajo y en otros incumplen acuerdos, Luis Esteban dice estar decidido a apostar por los chicos. Fue técnico de un equipo en Yapacaní, donde promocionó varios jugadores, luego trabajó hasta hace poco con las menores de Real Santa Cruz (sub-15 y sub-17), club al que agradece por la confianza y oportunidad, y actualmente está ligado a un proyecto que le planteó Waldo Romero con Potrero, una escuela de fútbol que quiere llegar lejos.

A sus 67 años y decidido a dedicarse hasta los últimos días de su vida en este país, Luis Esteban cuenta que decidió quedarse en Bolivia porque aquí forjó su nombre. Sus hijos Sergio y Luis, que también siguieron sus pasos como arquero, lo acompañan en cada proyecto, y solo viaja a su natal Asunción de vacaciones para visitar a la poca familia que le queda. “De salud me siento muy bien, que es lo más importante; lo material viene y va, pero la salud no. Gracias a Dios estoy bien, lo que no quiero es jugar más”, insiste de nuevo, dejando escapar una carcajada.

Un boliviano más

Luis Esteban Galarza Mayereger nació el 26 de diciembre de 1950, en Asunción. Llegó a La Paz en septiembre de 1969 para reforzar a The Strongest tras el accidente aéreo de Viloco y nunca más se fue.

Su hermano mayor, Arturo Galarza, que en los años 60 atajaba en Bolívar y que murió hace un par de años, lo animó a venir. Jugó en la mejor época del Tigre y actualmente está dedicado a la formación de nuevos valores.

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